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Santo Tomás de Aquino, amigo de la ciencia.


Soy el Padre Santiago estoy en la Universidad Panamericana y vamos a hablar de un santo muy importante no por ser santo que por supuesto es lo primero sino porque además de ser santo es filósofo, es teólogo y curiosamente un señor que utiliza la razón. No es un científico pero habla maravillosamente bien de la ciencia. ¿Por qué? Porque además de su santidad es un hombre que por su prudencia, a la hora de calificar los datos de la ciencia de su época con un equilibrio una prudencia una medida verdaderamente formidables resulta un ejemplo para muchos de nosotros que estamos locos con la ciencia cuando la ciencia está de capa caída. Entendámonos bien: la ciencia siempre es ciencia. Pero la ciencia ya sabemos lo que dice Einstein: “Que si habla de la naturaleza no es verdad y si es verdad no habla de la naturaleza”. Lo ha dicho Einstein para indicar que no es lo mismo un vaso de agua que traiga usted un H2O envasado. Es evidentemente esto.

Hoy desgraciadamente sabemos que hay una serie de “oráculos” así los llaman de la ciencia. Les recomiendo el libro de Karl Giberson y de Mariano Artigas “Oráculos de la ciencia” , Ediciones Encuentro, Madrid, 2012. Que por cierto Artigas fallecido con gran dolor mío porque era muy joven todavía y podía haber hecho cosas maravillosas, como nos ha dejado cosas estupendas. Pues bien. ¿Qué pasa? La ciencia moderna ha nacido con un defecto de origen: su divorcio del ser, su divorcio del ente. La filosofía se reduce a ser críticos de la ciencia para Poincare las ciencias son convencionales y para muchos de los autores modernos eso es.

¿Qué les pasa? Pues que la ciencia nos dice el qué, pero no nos dice el por qué. No dice el como, pero no el fondo de la realidad y echarle la culpa a que estos hombres Aristóteles, San Alberto Magno Santo Tomás eran metafísicos; si, eran metafísicos porque buscaban la realidad: Pero sabían perfectamente entender que la verdadera ciencia no consiste solo en hacer cosas sino en saber qué son esas cosas que se hacen. Esto es muy importante.

La ciencia moderna tiene un enorme déficit que es que olvida la realidad, la sustancia de las cosas. Ya no importa lo que la cosa es, sino lo que yo quiero que diga la cosa, sino lo que yo quiero que sea la cosa. Dice el Santo: “algunos discurren, pero no alcanzan la verdad”... ”sin llegar al mismo centro” (Epis S. Paulo a Timoteo), de la lectura de lo que quieren decir de lo que quieren entender o de lo que están diciendo; entonces se quedan con palabritas pero no llegan a la realidad de las cosas.

Para Santo Tomás la manera de rectificar los posibles errores es acudiendo al “ser”, al “ente. Por eso es muy prudente acerca de las teorías de su época especialmente en los temas manifestados en el campo de la ciencia, científicos. En cuanto dices: no estoy seguro; si la ciencia no me dice mas que algunas cosas, bueno vamos a dejarlo en hipótesis y vamos a ver si esas cosas después son o no son reales

“Algunas —dice Santo Tomás—, algunas dudas tienen su origen en un defecto de la sensación. No nos plantearíamos dudas acerca de ciertas cosas si las viéramos, no porque la ciencia consista en ver, sino porque a partir de la visión de las cosas, por medio de la experiencia, se alcanza el universal propio de la ciencia” (In An Post, Lec. 42).

Es de notar cómo Santo Tomás, seguro en el dogma y cierto en la metafísica, no concede crédito fácilmente a los hombres de ciencia; al revés, de Kant que no se fía de la naturaleza y se fía exclusivamente de la razón. Crédulo, claro por eso, realmente científicamente, pues no dice prácticamente nada, no nos interesa en ese punto aunque el sea valorable y no hay que negarlo también en otras cosas, ¿no?.

Lo que es importante es que cuando Santo Tomas habla de la astronomía de su tiempo, como no tiene experiencia con mucha prudencia dice:

“Muchas de las explicaciones astronómicas no suficientemente confirmadas por la experiencia conviene aceptarlas a título de hipótesis”. Esto es: no significa en el Santo reducir la física a probabilidad sino muestra de la prudencia ante lo que no está suficientemente probado. Otra muestra de su prudencia científica nos la da S. Tomás al tocar el tema del infinito. Advierte realísticamente que si el infinito matemático puede usarse en matemática, en cambio, no lo puede utilizar en una realidad que no sea matemática, porque ahí no veo el infinito. Entonces, me quedo con un ente de razón que tiene un cierto grado de realidad. Si “es” no puede ser en vano. La realidad no tiene por qué seguir a toda la operación del intelecto o de la inteligencia.

Con un dejo de ironía dice el Santo [Esto es muy divertido, porque nos hace ver cómo era Santo Tomás]: “A la inteligencia no siempre hay que hacerla caso, en el sentido de que todo lo que se aprende con el intelecto o con la imaginación sea verdadero. Si aprehendo que una cosa es menor o mayor de lo que realmente es no se sigue ninguna abundancia o defecto de ella, sino solo en la aprehensión intelectual o imaginaria”. Esto es tener sentido común (ln III Phys., Lec. 7). Una maravilla de Santo Tomás.

Bendito Santo Tomás que no cometió el error de fundamentar la ciencia del espíritu en la ciencias de la naturaleza sin espíritu.

Uno de los errores funestos de la ciencia moderna ha sido sustituir lo real por lo mental, la realidad por la mentalidad que diluye la objetividad por la conceptualidad, el objeto sin sujeto lo óntico en lo ontológico. Un idealismo en el que no llegamos a ninguna parte

Bendito sea Santo Tomás que nos enseñó cómo teníamos que estudiar las cosas que conocemos por la experiencia y por la ciencia sabiendo que son, pero que muchas veces no sabemos por qué son.


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