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Pentecostés: La venida del Espíritu Santo


¿Qué tengo que tener yo frente al Espíritu Santo?

¿Cómo me voy a preparar yo para esta fiesta?

En unos días vamos a celebrar una fiesta estupenda de la liturgia católica y de la liturgia hebrea

que llamamos pentecostés. Voy a decir rápidamente en que consiste la historia. Pentecostés quiere decir a los 50 días. A los 50 días de la salida de los hebreos sometidos al yugo del pueblo egipcio se celebró el pacto de salida y la alianza con el Señor. Además los judíos celebraban también la fiesta de la recolección era un día de alegría, de optimismo, de recoger los frutos. ¿Cuál es el fruto que vamos a recoger en estos días?


Desgraciadamente los cristianos tenemos muchas fiestas en las que hablamos de Dios Padre, hablamos de Dios Hijo, de Santa María, de los santos pero del Espíritu Santo resulta el gran desconocido como le llamó uno de los santos modernos que es San Josemaría.


San Josemaría nos recuerda que a los 50 días de la Pascua, el Señor que se ha ido —ausencia de presencia—, nos deja una herencia maravillosa: el amor en persona —que es el Espíritu Santo—. Y nos enseña a los cristianos algo que generalmente no hacemos, que es, a personalizar la caridad, a personalizar el amor.


En este año que estamos celebrando el Jubileo de la Misericordia es un momento estupendo para que recordemos algunos puntos clásicos que nos ayudan a vivir mejor esta gran fiesta:


En primer lugar ¿Qué es el Espíritu Santo?


La tercera persona de la Santísima Trinidad. Dios que es amor sustancial, amor esencial, tiene también una persona que es amor, amor personal que nace del amor que el Padre y el Hijo se tienen y se entrecruza ese amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, se hace persona se hace personal y eso es precisamente el Espíritu Santo. En Dios el amor es una persona con inteligencia, con voluntad, con capacidad de pensar, con capacidad de actuar. Una persona a la que se puede y con la que se debe tratar y amar. Esto es lo más importante. Además sabemos que el Señor al dejarnos el Espíritu santo lo ha dejado con una tarea estupenda. La tarea estupenda es que todos los cristianos, del mundo entero sin distinción de razas ni de continente, ni de situación personal, formemos una maravillosa unidad: “El pleroma de Cristo”,


El pleroma de Cristo que comprende a todos los bautizados, todos los que —en gracia—, que han sido son y serán, forman el cuerpo místico de Jesucristo del que nos habla san Pablo, y del que también nos ha dejado una teoría estupenda filosóficamente hablando, teológicamente hablando, nada menos que san Agustín


Además hay que recordar que por el Espíritu Santo, la Virgen María se hizo fecunda, concibió a Jesucristo. Por tanto el Espíritu Santo que es el esposo de la Virgen María, muy amigo de la virgen María precisamente nos ha dejado a su heredero. Jesucristo se ha encarnado gracias al Espíritu Santo en el seno de la Virgen María para ser nuestro redentor, para ser nuestro salvador, para ser nuestro amigo y para ser nuestra compañía en este mundo. No nos limitemos a recordar lo que hizo el Espíritu Santo.


¿Qué es lo que hace el Espíritu Santo?


Al espíritu santo le corresponde el terminar, el acabamiento podíamos decir, de la obra de la redención ¿Cómo? Por medio de la santificación de los cristianos. Es decir la vida cristiana no puede alcanzar su madurez si no es con el trato en y con el Espíritu Santo. Continua siendo desgraciadamente para muchos, el gran desconocido. Ese “trabajo” entre comillas que realiza el Espíritu Santo nos tiene que llevar y nos tiene que mover a iluminar nuestra inteligencia, a mover nuestra voluntad y a transformar nuestra alma.


Esa es la labor que tiene que realizar el Espíritu Santo.


El espíritu Santo es el que forja la santidad. Cada santo en la historia de la iglesia, —y todos estamos llamados a la santidad—, es forjado por la actuación del Espíritu Santo que con los dones; esto es muy importante: con los dones ilumina y fecunda las virtudes para producir los frutos del Espíritu Santo. Muy rápidamente voy a hacer ver— porque es muy importante— que el Espíritu Santo nos da los dones.


¿Qué son los dones?


Los dones son iluminaciones del Espíritu Santo que facilitan las virtudes para producir los frutos. Como el hombre tiene inteligencia y voluntad los dones, unos miran a la inteligencia. El don de sabiduría ilumina la inteligencia para ver las cosas como las ve Dios. De techo para arriba como decía un santo moderno san Josemaría, para ver las cosas no de tejas para abajo, materializados, como lo hacemos ahora, sino de tejas para arriba.


¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Qué es lo que Dios pretende? Eso nos ilumina el don de sabiduría. Además ilumina la voluntad ¿Cómo ilumina la voluntad? Con la fortaleza ¿cómo ilumina la voluntad también y ordena a la inteligencia con la sabiduría? La ciencia que es el conocimiento ordenado por las causas que nos evita el que el conocimiento científico se oponga al conocimiento de la Revelación.


Es decir Dios por la sabiduría nos hace ver las cosas de tejas para arriba; con el don de inteligencia nos hace penetrar en la Revelación y con el don de ciencia para que los conocimientos científicos no nos separen del conocimiento de Dios. Al revés para que fe y razón unidos nos lleven a Dios conociendo a fondo la naturaleza y conociendo a fondo la revelación. No hay ningún conflicto ni tiene por qué haberlo entre la fe y la ciencia. No es el tema ahora, pero que quede perfectamente claro.


Por tanto los tres grandes dones que iluminan inteligencia y voluntad, la razón, son la sabiduría, son la ciencia, y son la inteligencia. Y además hay uno más que es el don de consejo.

El don de consejo es el que actúa cada vez que tenemos una insinuación: ¡Oye mortifícate un poquito más¡; ¡vete a Misa!; ¡Cuidado con esa amistad!; ¡cuidado con esa falda!, ¡cuidado con esa palabra! Son iluminaciones del Espíritu Santo que nos frenan para que no actuemos en contra de la razón y en contra de la salud humana. Esto es muy importante.


En definitiva el Espíritu Santo ilumina nuestra mente, mueve nuestra voluntad y transforma nuestra alma eh?


¿Y cómo nosotros podemos colaborar? , y esto ya es doctrina personal de san Josemaría.


San Josemaría nos enseñó tres cosas fundamentales. A ver ¿qué tengo que tener yo frente al Espíritu Santo? ¿Cómo me voy a preparar yo para esta fiesta? Bueno, pues conociendo los dones, conociendo los frutos. Pero sobre todo con tres actitudes del alma.


La primera docilidad. Obedecer saber que Dios es algo más que un jefe, es un amigo ¿eh?: docilidad. En todo lo que hace a la tradición cristiana debemos ser sensibles a cuanto se promueve positivo a nuestro alrededor. Por tanto docilidad al magisterio del Papa docilidad a las enseñanzas de la Iglesia.


En segundo lugar: vida de oración. Santa Teresa aseguraba la salvación a una persona que hiciera todos los días oración. Santa Teresa decía: ¡Si lees serás dueña de tus propios actos; si no lees serás sierva de quien lee! Es la idea de Santa Teresa: vida de oración y aquí juega el amor.


Y por último la unión de Cristo en la cruz. Recuerdo una frase que es muy importante de san Josemaría que el Espíritu Santo es fruto de la cruz: ¿Verdad que en la vida de Cristo el calvario precedió a la resurrección y a Pentecostés? El espíritu Santo es fruto de la cruz. Por tanto: ¿Quieres crecer por dentro?: docilidad al Espíritu Santo; oración; no es otro el camino y la cruz porque la cruz nos lleva a la redención.


Y para terminar un consejo para todos es: que abráis el Catecismo de la Iglesia Católica. Váyanse a la primera parte y ahí lean: “Creo en el Espíritu Santo”. El leer lo que el Catecismo nos dice del Espíritu Santo es una fuente maravillosa de paz, de alegría y de felicidad.



Pbro. Santiago Martínez Sáez

Fiesta de Pentecostés, 2016.


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