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Primero de Mayo, Día de San José Obrero.


Primero de Mayo, Día de San José Obrero.

¡Que San José —trabajador— en este día del trabajo

nos recuerde a todos los cristianos la necesidad

de santificar nuestra labor profesional!

El trabajo tiene dimensión humana y sobrenatural;

es importante convertir el trabajo profesional

en una ofrenda, en una oblación grata a Dios,

el trabajo es camino de santificación

e instrumento de apostolado…

Soy el padre Santiago Martínez muchos ya me conocen otros todavía no, y vamos a hablar de un tema muy importante en estos momentos precisamente para tratar de prepararnos a la fiesta del primero de mayo en el que este año vamos a celebrar una fiesta laica una fiesta secular una fiesta revolucionaria que es la fiesta del trabajo, y una fiesta canonizada cristianizada por la Iglesia Católica que es la fiesta de San José Obrero.


El tema como ustedes se pueden imaginar es el tema que tiene el trabajo como dimensión humana y sobrenatural.


“Ha pasado más de medio siglo y son ya incontables los hombres y mujeres que, en las más diversas circunstancias y situaciones de la vida, se esfuerzan por convertir su trabajo profesional en una ofrenda en una oblación grata a Dios, camino de santificación e instrumento de apostolado… Cada uno de nosotros bautizado —y los no bautizados también—, ha sido llamado por Dios para llevar este mensaje a millones de personas que pueblan la tierra, que trabajan como bestias, pero que no saben santificar el trabajo que trabajan como mulas o como bueyes o como carros pero que no saben el sentido sobrenatural que tiene la acción humana hecha cara a Dios.


Por eso los cristianos tenemos que dar testimonio de una vida de trabajo intenso, que no pase como decía hace muchos años alguien que en la guerra española decía: “estos comunistas pero son unos locos; no que querían hacernos trabajar a los curas y a los policías a la guardia civil y a los curas” que es la mentalidad que tenían algunos tipos protestantes que se acercaban para convertirlos al protestantismo en plena guerra española. En fin, han pasado muchos años las cosas están un poquito más claras y lo que está claro hoy es que el hombre cuando trabaja quiere ganarse la vida ha nacido como dice la Sagrada Escritura para trabajar no para flojear.


Y para trabajar cada a Dios ganarse la vida mantener la familia y también transformar la sociedad en la que vive. Entonces, para eso, es importante no quedarnos simplemente en la satisfacción de las necesidades humanas en tener un puesto que nos deje muchísimo dinero, sino tener cuidado cuando trabajamos y es bueno que lo veamos a la luz del ejemplo maravilloso que nos dió precisamente san José obrero: como él trabaja cara a Dios, trabaja cara a los hombres; no trabaja por una labor profesional de perfección humana que le lleve a destacar en su pueblo sino que hace lo mejor que puede la labor profesional porque todos debemos de sentir la urgencia de llevar a cabo una constante cristianización de la sociedad especialmente en aquellos ámbitos, en aquellos ambientes en los cuales podemos decir que está más alejada de Dios la cultura, cierta parte de la cultura; la diversión, cierta parte de la diversión, deportes en algunas ocasiones cosas de este tipo que la gente busca por el dinero no digamos por ejemplo la gente quiere cantar, por alguna canción, el cine este tipo de cosas donde también se puede trabajar, y se puede trabajar sanamente, pero no se trabaja sanamente precisamente porque no hay esa presencia de Dios ni es voluntad de santificar el trabajo. Nosotros los cristianos además de realizar lo mejor posible la labor profesional hemos de sentir la urgencia de llevar a cabo una constante cristianización de la sociedad especialmente en aquellos ambientes de los que he estado hablando que son quizá los más apartados de Dios.


¿Qué hicieron los primeros cristianos? No hicieron asociaciones. Lo que hicieron fue vivir cristianamente, dar ejemplo, vivir la caridad y todos quedaron admirados asombrados: ¡Mirad como se aman!, ¡mirad como se aman! El amor, la dinámica de la caridad transformaba el ambiente social: Vivian bien en familia, no mataban a los niños, no se iban por ahí con la novia antes de casarse, no vivían la poligamia ni todo ese tipo de cosas; no mataban a los niños recién nacidos no despeñaban a los niños como hacían los griegos en aquel monte famoso de Taigeto, etc, etc.


Entonces nosotros ante el nuevo paganismo de nuestros días no podemos andarnos con paños calientes hemos de lanzarnos con agresividad no podemos permanecer indiferentes ni conformarnos llorando, ¡qué barbaridad como está el mundo! nuestros políticos cada día más mensos, cada día más tontos cada día sin saber lo que hacen. ¡No gritemos!, ¡No critiquemos! Vamos realmente a hacer las cosas como tenemos que hacerlas, sobre todo porque nos damos cuenta de que en el mundo en que estamos viviendo las leyes que llamamos civilizadas son incivilizadas, las leyes que diríamos humanas son despreciadas, el santuario de la familia profanado, los puestos de mayor responsabilidad ocupados por quienes pisotean los 30 derechos humanos y los derechos de la iglesia. Por lo tanto hemos de procurar que no haya ninguna esfera de la sociedad civil en la que no se difunda la luz de Cristo: Colegios profesionales, sindicatos, partidos políticos órganos de gobierno.


“Dad la vuelta al mundo” nos decía San Josemaría Escrivá, santo actual. “Con la gracia de Dios y vuestra libertad y responsabilidad personales, el uso de vuestros derechos y deberes como ciudadanos, vamos a lanzarnos sin complejos de ningún tipo a la labor evangelizadora a la que Dios y la Iglesia nos convoca: Con oración sacrificio, cumplimiento del deber, fidelidad a nuestras normas del plan de vida. Es absolutamente necesario nuestro esfuerzo para hacernos presentes en todas las encrucijadas de la vida moderna. Esto es muy importante: que nadie se duerma en los laureles”.


Me gustaba mucho lo que decía un ciclista italiano hace unos años después de una vuelta ciclista de estas famosas, que le preguntaron: ¿Y usted para que vive? Y dijo: “Yo vivo para el ciclismo y del ciclismo, y para salvarme…” Me gustó mucho lo que dijo, era un ciclista de primera división: “Yo rezo a Dios todos los días. A Dios le rezo con el mismo “instrumento” con el que trabajo con la bicicleta y con el corazón en la bicicleta”. O lo que decía desde otro punto de vista la Madre Teresa de Calcuta: “Nosotras rezamos nuestro trabajo”.


Vamos a concretar un poquito: ¿Es realmente posible transformar toda la existencia con sus conflictos, sus dramas, sus turbulencias, en camino de oración, en vida contemplativa?

¡Sí! Hemos de responder: ¡Sí! Si no fuera así no valdría para nada la llamada a la vocación que hizo el CVII vean la Lumen Gentium número 39, 42.


Un ideal teórico, una afirmación de principio, una aspiración incapaz de traducirse en realidad viva por la inmensa mayoría de los cristianos sería lo que dice el vaticano II si no se pudiera alcanzar la santidad a través del trabajo. Ahora bien, el trabajo hay que hacerlo bien hecho.


¿Cuáles son las condiciones para santificar el trabajo?

¿Cuáles son los ingredientes para transformar el trabajo en oración?

Primero trabajo bien hecho.

Primero Trabajo. Si no hay trabajo no hay nada que santificar si hay mucho trabajo hay mucho que santificar: Trabajo bien hecho. Todo cuanto realicemos con prisas, por cumplir, chapuceramente, no es santificable no se puede convertir en ofrenda grata a Dios.

En segundo lugar: en gracia de Dios.

Doy por supuesto que actuamos en gracia de Dios. Si anduviéramos robando hasta los cerdos, como cualquier hijo pródigo imbécil, habría que regresar lo más rápidamente posible a la casa de nuestro Padre Dios, es decir de nuestro trabajo

Con rectitud de intención: no solamente para ganar dinero no para conquistarme a una muchacha o a un muchacho, sino con rectitud de intención para la gloria de Dios. “Deo omnis gloriae”. Para Dios toda la gloria. Ese es el motor más importante de nuestro trabajo.


En presencia de Dios como el enamorado trabaja y piensa en su cariño, en la persona a la que tiene cariño como el enamorado se acuerda de su amor, nosotros nos acordamos de nuestro amor que es Dios. Por lo tanto añádele a eso: es el sentido que tiene la palabra trabajo en todos los idiomas: Su poquito de sacrificio, su poquito de dolor que entraña la labor.


La unión con Cristo lograda por Santa María y San José a lo largo de once mil días que dura la vida de trabajo en Nazaret la tenemos que lograr nosotros con los sacramentos y con nuestra labor diaria. Nuestras jornadas quedan santificadas si trabajamos a tope: terminando bien, en gracia de Dios con presencia del Señor, ayudando a los demás, sin quejas; si hay contrariedades las superamos: con orden con cariño, con espíritu de sacrificio para volver a empezar una y otra vez sin cansancio. Si nos apoyamos en esa labor para ayudar a los que tenemos alrededor, entonces podremos decir que hemos santificado nuestro trabajo y se podrá decir de tu trabajo y del mío lo que dice San Josemaría: “El trabajo nace del amor, manifiesta el amor se ordena al amor”.


¡Que San José —trabajador— en este día del trabajo nos recuerde a todos los cristianos la necesidad de santificar nuestra labor profesional!


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