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¿Qué significa para mí hoy la pascua del Señor?


Te pregunto y me pregunto:

En tu cabeza:

¿Qué piensas?, ¿qué lees?, ¿que ves?, ¿qué estudias?

En tu voluntad:

¿Qué quieres? ¿Felicidad? ¿Fortaleza?

En tu boca:

¿De qué hablas?

En tu corazón:

¿Qué amas? ¿Qué llena tu corazón? ¿Qué quieres?

¿Tu vida tiene un tono humano o pareces un muñeco?

En tu forma de vestir o en tu forma de actuar.


Muy buenas tardes.


Vamos hablar de un tema importantísimo en estos momentos. Estamos terminando la cuaresma. El próximo sábado es San José, el próximo domingo es Domingo de Ramos y en unos días vamos a vivir ¡el Milagro lo de los Milagros!: La resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. La pascua de las pascuas. El día de la alegría. El domingo de todos los domingos, como se suele decir.


Vamos a recordar un poquito lo que significa la pascua.


La pascua es una palabra que significa paso, y empieza recordando el paso del señor cuando los judíos huyen de la esclavitud, llevados de la mano de Dios y de Moisés de la esclavitud de los egipcios. El Señor intervino de una manera muy dura con las famosas 10 plagas y libera a los judíos, que precisamente escapan no tanto de la libertad política, no era la idea escapar de la esclavitud política. El verdadero motivo era el que no podían adorar a su Dios como ellos querían; esa es la excusa o más bien el pretexto que precisamente Moisés pone delante del faraón, para decir: ¡Queremos tener la libertad de poder rezar, de acuerdo con nuestras costumbres! Y eso es lo que el faraón no quería, porque luego los teólogos de la liberación han explicado el éxodo como si fuera una razón política por la que los judíos huyen.

Sin embargo, la razón primera y fundamental es que los hebreos querían tener la posibilidad de lo que actualmente llamamos la libertad religiosa, libertad de adorar a su Dios y Dios va a hacer un pacto con ellos y ese será el primer paso; el éxodo es el primer paso, la salida, la huida de la esclavitud de los judíos en manos de los egipcios.

Pero después viene el punto más clave y más importante: El Mesías prometido se ha encarnado, se ha hecho hombre. Dios se ha hecho hombre y a partir de ese momento vamos a vivir, lo hemos vivido unas cuatro semanas de cuaresma.


El Papa Francisco se quejaba de que hay muchos cristianos que viven la cuaresma pero desprovistos de la pascua o desconectados de la pascua, cuando en realidad no se puede desconectar: La pascua es la culminación y el presupuesto de una vida nueva que viene después de la muerte de Cristo en la cruz.

Aquí no vamos a hablar del aspecto histórico de la Pascua. Para eso se tienen libros muy buenos en cualquier libro de teología. Les puedo recomendar uno que es estupendo que se llama: "Y dicen que ha resucitado" de Vittorio Messori, donde pueden encontrar todas las razones del aspecto histórico. Pero ahora vamos a fijarnos en el aspecto que verdaderamente yo llamaría fundamental que es el siguiente:


¿Qué supone para ti y para mí la pascua?:


¡Una vida nueva, la alegría de la resurrección, como decía San Agustín: ¡"la fe del cristiano es la resurrección de Cristo”! Los Apóstoles y los contemporáneos de Cristo, ni estaban locos, ni eran místicos, ni eran visionarios. Tocaron con sus manos al Señor, lo vieron con sus ojos, escucharon su voz y eso es lo que provoca esa maravilla de que podemos creer en la resurrección de Jesucristo. Ha habido un autor que ha hecho mucho daño, Bultmann[1], el de la desmitologización, que llegó a decir: "Si la resurrección fuera histórica, la fe sería superflua". Claro que la resurrección ha sido histórica pero está mucho más allá de la historia, fue histórica en determinado momento, sabemos que están perfectamente establecidas las coordenadas de la vida de Jesucristo, los discípulos de Jesucristo, quien asesina a Jesucristo, la muerte de Jesucristo. Lo conocemos por la historia, no solo por los Evangelios sino también por los mejores historiadores como sabemos romanos.

¡Ahí está!


Pero ese no es el tema que estamos tratando, el tema es: "¿Qué significa para mí hoy la pascua del Señor?". La pascua del Señor es el paso del Señor en tu existencia y en mi existencia. Hoy los hombres buscamos la felicidad en 50 mil cosas: en el dinero, en el política, en el arte, en la cultura, bueno todo eso está muy bien, pero eso pasa, eso no es la felicidad permanente.


Lo importante es dónde tú y yo buscamos la felicidad:


¿En la ciencia?, ¿en la técnica?, ¿en la comodidad de vida?, ¿en los placeres?, ¿en las borracheras?, ¿en la lujuria?


La verdadera felicidad está en la fiesta con Cristo y en caridad con todos nuestros hermanos. Donde no está la felicidad, es donde no está Dios. Donde no está, es donde no está el prójimo; donde no está es en el narcisismo de muchos de nosotros que vivimos para satisfacer nuestros deseos y nos olvidamos realmente del compromiso formidable que supone todo esto.


Hay un pasaje de San Agustín que me encanta, y que lo quiero comentar y compartir con ustedes. Es el siguiente. Dice San Agustín, quien vive en la época de los romanos: “Roma, como amaba a Rómulo, lo hizo dios, la iglesia en cambio, como reconoció que Jesús era Dios, lo amó, lo adoró”. Y eso es realmente lo bonito de todo esto. Es importante —y lo quiero recalcar—, tengo una cita aquí estupenda de unos autores que son judíos que dicen lo siguiente, esto es importante tenerlo en cuenta: “Lo último que un judío se esperaba del Mesías, era que tuviera que sufrir, que tuviera que morir y que tuviera que resucitar o que luego resucitara; lo último que esperaban en los tiempos mesiánicos era una cruz, un sepulcro vacío, en medio de la historia”.


Todos los judíos, hijos de la espera de Israel, tanto de la corriente relativista, —los saduceos; que incluso negaban toda posibilidad de vida eterna, porque negaban la espiritualidad y el alma—, como la corriente que podíamos llamar metafísica farisaica, esperaban la llegada “gloriosa” del Mesías de los últimos tiempos; pero no estaba anunciada ni la muerte, ni mucho menos la resurrección.

De hecho Joachim Jeremias[2] uno de los grandes exegetas protestante alemán, dice: "El primitivo anuncio cristiano, sobre la resurrección de Jesús, con un intervalo de tiempo que los separa de la resurrección universal de todos los muertos; es una novedad absoluta para el judaísmo". Otro protestante racionalista Richter[3], que consideraba las apariciones del resucitado como fruto de la mente alucinada de Pedro dice textualmente: “No vemos en verdad que escrituras predijeran la resurrección del mesías, por lo que sabemos, no existía en el antiguo testamento, una doctrina relativa a la resurrección que pudiera aplicarse a Jesús”.


Para acabar con las citas, uno de los escritores más leídos judíos de nuestros tiempos David kluser lo dice también: "No hay nada en todo el judaísmo de la época de Jesús, nada en ninguna corriente que conozcamos, que sepa algo de un hijo del hombre que debía morir y luego resucitar".

Por lo tanto queda claro la resurrección no podía nacer de una reflexión sobre las profecías judías que ni siquiera aludían a un mesías obligado a resucitar. Si acaso —señala Messori[4]— en la primera comunidad judía se siguió el camino al revés tratando de post factum en el conjunto de las profecías mesiánicas al anuncio de este acontecimiento imprevisto en aparente contraposición con ella. O sea: no es la fe en la ley y en los profetas, lo que crea la resurrección. No es el fanatismo lo que crea la resurrección. Es la resurrección de Cristo la que produjo la fe en la resurrección, no la fe de los primeros cristianos la que inventaron la resurrección.


Pero ahora, vamos a la práctica, o sea: ¿qué es lo que hoy a los hombres nos pide la resurrección de Jesucristo? En definitiva la resurrección Cristo nos da la seguridad de fundamentar nuestra fe: ¡HA RESUCITADO! No es la fe la que origina la resurrección, fue la resurrección la que motivo y fortifico la fe de los primeros cristianos y por supuesto la de los apóstoles. Esto es hoy la realidad central de nuestra fe: ¡Si no ha resucitado vana es vuestra fe!, nos dice San Pablo, y recordemos que nos dice nada menos que San Agustín: “la fe del cristiano es la resurrección de Cristo”. Los apóstoles son los testigos de la resurrección, y la palabra “paso”, “transito” nos hace ver que hemos pasado también nosotros hoy 20 siglos después, hemos pasado de la muerte a la vida inmortal, hemos pasado de la esclavitud o deberíamos pasar de la muerte y de la esclavitud, del narcicismo, del egoísmo de todas esas barbaridades que estamos viendo en esta época, a la alegría de la consumación que nos ha traído Jesucristo con su resurrección, ¡Jesucristo vive, es luz ahora y siempre!, nos libera del pecado, nos trae la gracia por eso la resurrección es la gran luz para un mundo a oscuras.


Para concluir te pregunto: ¿Qué es para ti la pascua?

Te pregunto y me pregunto:

En tu cabeza: ¿Qué piensas?, ¿qué lees?, ¿que ves?, ¿qué estudias?

En tu voluntad: ¿Qué quieres? ¿Felicidad? ¿Fortaleza?

En tu boca: ¿De qué hablas?

¿Tu vida tiene un tono humano o pareces un muñeco? En tu forma de vestir o en tu forma de actuar.

En tu corazón: ¿Qué amas? ¿Qué llena tu corazón? ¿Qué quieres?

En tu comportamiento, santifica tu actividad, como decía San Josemaría: «Vamos a poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas».

Para terminar, no olvidar nunca que la pascua nos recuerda:


  1. Nuestro corazón está hecho para la alegría, para la felicidad.

  2. Dios es la fuente de la verdadera alegría.

  3. Hemos de conservar en el corazón todos los días la alegría cristiana, la alegría del amor, la alegría de la conversión, la alegría en medio de las pruebas.


Y tú y yo estamos en medio de un mundo a ser testigos de esa alegría.




[1] Rudolf Karl Bultman 1884—1976, exégeta y teólogo alemán luterano seguidor del escepticismo histórico y fue profesor en Marburgo, Alemania, de 1921 a 1951.


[2] Joachim Jeremias teólogo luterano alemán 1900—1979.


[3] Jean Paul Richter 1763—1825, escritor alemán hijo de un pastor protestante rural. En su “Discurso de Cristo muerto” presenta a Jesús desde lo alto del cosmos diciendo que no hay Dios, para mostrar lo que significaría la muerte de Dios: soledad existencial y desamparo esencial, sinsentido y absurdo.


[4] Vittorio Messori, periodista y escritor católico italiano nacido en1941, autor de varios libros entre los cuales se encuentra: “Hipótesis sobre Jesús” en 1977.


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