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¿Qué es la cuaresma?




Me podrías preguntar: ¿Qué es el miércoles de ceniza?


Te podría contestar bueno, pues es como comienza la cuaresma.


Y ¿Qué es la Cuaresma?


La Cuaresma es una época del año en la cual la Iglesia —nuestra madre—, nos invita a introducirnos dentro de nosotros mismos, cosa que pocas veces hacemos, con valor, sin miedo, con valentía, con decisión, para descubrir las cosas que nos entorpecen el amor de Dios y el amor del prójimo que como sabemos es el primero de los mandamientos. El miércoles de ceniza es el día que comienza la Cuaresma y comienza en miércoles porque los domingos son días no penitenciales.


La cuaresma es un tiempo que nos invita a la renovación, nos invita a la salvación. Podemos decir que es algo así como el hospital del alma. Así como cada cierto tiempo llevamos el carro para revisar, para ponerle gasolina, aceite, frenos, todo lo que necesita un carro para funcionar bien, así también, metafóricamente, este tiempo de cuaresma es un momento maravilloso para que pensemos qué podemos hacer para funcionar bien. Es como el hospital del alma o un momento de hospital para el alma. Es como una curación del alma.


Decía el papa Juan Pablo II: “Todos debemos convertirnos cada día”.


Sabemos que la conversión es una exigencia fundamental del Evangelio dirigida absolutamente a todos los hombres sin excepción: Amarillos, blancos, altos, guapos altos feos, poderosos y no poderosos; todos necesitamos convertirnos que significa retornar a la gracia misma de nuestra vocación.


CONVERTIRNOS SIGNIFICA meditar en la infinita bondad de Dios que nos llama continuamente y que está con los brazos abiertos esperando la vuelta a casa del hijo prodigo que ha malgastado con su mala vida el tesoro de familia que se llevó de su casa. El Señor nos ha dicho también a nosotros en lo personal: ¡Sígueme!...


CONVERTIRSE QUIERE DECIR en cada momento dar cuenta de nuestra comunión con Dios, de nuestra comunión con los demás, de nuestro espíritu de servicio, de nuestro espíritu de fidelidad ante el Señor de nuestros corazones…


CONVERTIRSE TAMBIÉN SIGNIFICA repasar nuestras negligencias, nuestros pecados, nuestros egoísmos, nuestras cobardías, el pensar de una manera humana y no pensar de una manera divina…


CONVERTIRSE QUIERE DECIR buscar para nosotros de nuevo el perdón y la fuerza de Dios en el sacramento de la penitencia, en el maravilloso sacramento del amor, de la reconciliación, y volver a empezar siempre caminando con paso más decidido hacia Dios desbrozando el camino de todo lo que entorpece nuestra intimidad divina y yo diría, —para no alargar demasiado esta entrada—, en lo que nos decía san Agustín. San Agustín, Padre de la iglesia, como sabemos muy bien, tenía tres palabras para mostrar y para animar a vivir a fondo la cuaresma; resumía en tres palabras todo, decía: Oremos, ayunemos y ayudémonos. En primer lugar oremos. Contra lo que la gente cree, lo primero en la cuaresma no es la mortificación, no es la penitencia. Lo primero es la oración porque sin oración somos incapaces de mortificación y de darnos a los demás. En cambio en la oración sacamos la fuerza que nos lleva a nuestra elevación, a nuestra sobreelevación a nuestra conversión. Junto al oremos, a la fuerza la oración, —la oración del cuerpo—: el ayuno, que no es simplemente dejar de comer para bajar unos kilos. Es sobre todo dejar lo que soberbiamente nos separa de Dios: el mal genio los caprichos, la vanidad, la vanagloria, la estupidez, el no entender a los demás, la falta de cariño. Ahora que el Papa habla tanto de cariñoterapia, la terapia del cariño, el escucha cariño, el escucha a la gente que tenemos alrededor. Pues todo esto es terapia, la típica terapia propia en estos días de cuaresma…


Y yo diría, —porque esto es muy bonito—: CONVERTIRSE quiere decir eliminar los obstáculos que se interponen entre Él y nosotros; entre su gracia y nosotros y permitir que Su vida maravillosa, se instaure en nuestra vida…


CONVERTIRSE QUIERE DECIR adquirir una mentalidad nueva para que podamos decir: “VEMOS COMO VE JESUS, QUEREMOS COMO QUIERE JESUS Y VIVIMOS COMO VIVIÓ JESÚS”. De manera que al final de la Cuaresma podamos decir, que con la gracia del Señor, con la lucha ascética, con la ayuda de mis hermanos, con la ayuda de las oraciones del Papa, de la Iglesia, y de nuestros hermanos, yo pueda decir que vivo en Cristo, por Cristo y para Cristo…


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