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28 de Enero: Festividad de Santo Tomás de Aquino


Santo Tomás de Aquino es el más importante de los filósofos y teólogos de la historia de la humanidad. Supera en exactitud, verdad, precisión a gentes como Platón y Aristóteles a la vez que los acoge, respeta y aprovecha dejándonos un legado insuperable y siempre aprovechable. Todo el que quiera profundizar en filosofía y teología deberá contar con Santo Tomás, quien dotado de una sabiduría prodigiosa supo elaborar la síntesis más admirable de todos los tiempos.


Su vida se desarrolla en el corazón del siglo XIII en el que la Iglesia y el Estado viven el esplendor de la unidad cristiana. Nace en 1224 o 1225 en Rocassecca. Estudia en el célebre monasterio benedictino de Montecasino. En Nápoles entra en contacto con los dominicos. En París conoce a su principal maestro: San Alberto Magno, con quien irá a Colonia. Su vida transcurrirá entre Italia (Nápoles) y París. Muere el siete de marzo en la Abadía de Fossanova. Un año antes ha dejado de escribir porque sus escritos le parecen paja. De ninguna manera es un pensador “congelado”, como piensan algunos. A él le debemos para siempre la explicación correcta de las relaciones entre FE y CIENCIA que podemos resumir en unión sin confusión, distinción sin separación, concordia y colaboración.


Santo Tomás es un ejemplo de humildad y de rectitud de intención en el estudio y en el trabajo. Siempre tuvo conciencia de la pequeñez de su obra (que es inmensa) ante la grandeza de Dios. Nos enseña a buscar a Dios con la inteligencia, con la voluntad, con amor, con esperanza, con honda formación sin dejarnos llevar por la estupidez de una buena parte de las ideologías modernas. Aunque no es un aristotélico ni un personalista, en Santo Tomás está lo mejor de Aristóteles y el resumen del personalismo medieval base del actual: insistió en la unidad, singularidad, incomunicabilidad, substancialidad, racionalidad y dignidad de la persona y estableció su primacía sobre todas las cosas de la que afirmó que es lo más perfecto que existe en la naturaleza; en ella —la persona— reconocemos lo eterno en el hombre. El Magisterio de la Iglesia le recomienda continuamente-


La fiesta de Santo Tomás nos recuerda la necesidad de una sólida formación doctrinal y religiosa que sea el soporte de todas las demás formaciones: humana, ascética, profesional y apostólica. La vida de Santo Tomás nos enseña a tener una sólida piedad doctrinal: piadosos como niños y con la doctrina de un teólogo.


¿Quién es Dios?, preguntaba de joven Santo Tomás a sus maestros. Pronto comprendió que para conocer a Dios no bastaban los maestros. Estando en oración oyó la voz de Jesucristo crucificado: Has escrito bien de mi, Tomás ¿qué recompensa quieres por tu trabajo?.... Señor no quiero ninguna cosa sino a Ti.


Interrumpe su trabajo… “Después de lo que Dios se dignó revelarme el día de San Nicolás me parece paja todo o que he escrito en mi vida y por eso no puedo escribir más.

A la pregunta ¿qué hace falta para ser santo? Tomás responde: Quererlo……….

Primero quererlo, segundo quererlo y tercero quererlo.


Es canonizado y declarado doctor de la Iglesia el año 1323.


Dice Santo Tomás que para dar doctrina hace falta que se haya alcanzado la plenitud en el conocimiento de las cosas divinas; que se pueda probar o confirmar las cosas que se enseñan; que se pueda manifestar a los demás convenientemente lo que se sabe” (Suma Teológica 2-2, q. 11 a. 4).


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